13 mar 2010

A MI Bs. As. QUERIDO .... NOSTALGIAS PORTEÑAS

EN CADA ESQUINA UN RECUERDO,
EN CADA BALCON UNA NOSTALGIA,
EN CADA MESA DE CAFE HAY MIL HISTORIAS,
Y CADA HISTORIA CON CAFE ES DESAHOGADA.
EL ECO DE UN SAGUAN SONABA ¡¡ TE QUIERO !!,
EL EMPEDRADO RECHINABA LAS FRENADAS,
Y EL PITO DE UN BOTON LLAMANDO AL ORDEN,
DIBUJABA UNA SONRISA DE DISCULPA EN TU MIRADA.
NUBES BLANCAS....
GUARDAPOLVOS QUE AMANECEN CON EL SOL, CADA MAÑANA
Y LA RUTINA DE MADRES NUEVAS,
PASEANDO CON ORGULLO SUS BEBES,
FLORECIAN LAS PLAZAS.,
CATARATAS DE GENTE POR FLORIDA,
DEVORANDO MINUTOS PASO A PASO,
Y UN VIOLIN PORDIOSERO DESAFINA,
MANGUEANDO UNA LIMOSNA
QUE LE PAGUE SU FRACASO.
ASI ERAS BUENOS AIRES,
YA NO SE OYEN TUS CAMPANAS,
NI EL BUEN DIA FORMAL DE TU VECINA,
BALDEANDO LA VEREDA A TU PASADA
YA EL CANA DE LA ESQUINA ES OTRO CANA,
EL LECHERO ES UNA CELDA DE CARTON
CON LA LECHE ENCARCELADA
YA NO HAY MAS, RANGO Y MIDA, NI VILLARDA
NI RAYUELAS DIBUJADAS,
NI AROS QUE LANZABAN POR EL AIRE,
Y ENSARTABAN EN DOS PALITOS
LAS PEBETAS QUE MIRABAS.........
YO NO TE OLVIDO BUENOS AIRES,......
ESTAS ENCARAMADO EN MI NOSTALGIA DE PORTEÑO,
EN MI VITROLA APOLTRONADA,
Y EN MI SOMBRERO COLGADO EN UNA PERCHA,
CUAL GALARDON DE EPOCAS PASADAS.
YO NO TE OLVIDO BUENOS AIRES,
TODAVIA ESTAN TUS MISMOS ARBOLES,
A LOS QUE DE CHICO ME TREPABA,
Y AHORA ME MIRAN MAS DE ARRIBA
Y ESTAN COMO YO... CON SUS RAMAS ENCORVADAS.
YO NO HE DE OLVIDARTE BUENOS AIRES,
QUIZÁ ALLA A LO LEJOS,
EN LA ETERNIDAD SIN LATIDOS,
DIOS ME PERMITA ESCUCHAR NUEVAMENTE,
EL RUIDO DE TUS CALLES, TUS SIRENAS, TUS CAMPANAS,
UN GRITO DE GGOOOOLLLL VIBRANTE,
Y EL PITO DE UN BOTON LLAMANDO AL ORDEN,
DIBUJE UNA SONRISA DE DISCULPA EN MI MIRADA

Rolando Dumas

12 mar 2010

LAS MADRES

Cuando eres un niño de pocos meses, aún no sabes nada y te extrañan muchas cosas de la vida, de todo lo que ves, y de lo que hay a tu alrededor. En esa época es cuando más dependes de tu madre, ya que es la que te alimenta, te acuna y te canta tu nana preferida y te cambia los pañales. Claro, pensaréis, el padre también hace gran parte, pero, ¿quién es la que tuvo al niño nueve meses en su vientre, aguantando las pataditas, o quién es la que tuvo que parir? El marido ahí lo que hacía era hablar con la barriga y aguantar la mano de su mujer en el parto. No quiero que penséis que me estoy metiendo con los padres, claro, yo también tengo un padre y que tiene que aguantar lo suyo, pero esta redacción va de las madres, y los padres entran en otro concepto.

Al año o así, las madres (y los padres, que ahora no se me olvida) intentan que su niño aprenda a andar y hablar, y quieren que les obedezcan siempre y que sean los mejores, pero todo el mundo sabemos, que un niño es un niño, y que será un revoltoso y que tirará la papilla por toda la cocina.

Una de las mayores preocupaciones es cuando se tienen que ir a trabajar. (Las que son amas de casa, no tienen este problema), “¿con quién dejo al niño?” o “¿Dónde lo podré dejar, si todos están ocupados?”. En este caso hay dos soluciones:
-Dejarlo en una guardería.
-Contratar una niñera.

Las madres suelen elegir la primera, aunque también otras madres eligen la segunda, y hay otras que eligen las dos, para tener más tiempo y menos preocupaciones.

Cuando sus hijos ya van a primaria, al principio no pasa nada, todo es normal, pero cuando ya están por el tercer ciclo, ahí está el problema, porque no saben qué decir (algunas, no todas) cuando su hijo le pregunta algunas cosas, que ellas o no se lo saben o que las explican de una forma distinta a la del profesor.

Otro reto para las madres es cuando su hijo/a llega a LA EDAD DEL PAVO. En esta edad suceden cosas muy distintas según el sexo de su hijo:
-Si es un niño, sus preocupaciones son sus estudios, que no se vaya de botellón, si se hacen tatuajes a escondidas, si tiene una novia que no le conviene, etc.
-Si es una niña, las complicaciones son mayores: los estudios, que no se vayan de botellón, ni piercing, ni tatuajes, que si el novio, que si toma precauciones, etc.

Cuando ya las madres son mayores y los hijos adultos, con familias, etc. son ellas las que necesitan ayuda y cariño. Son mayores y solo quieren a alguien a quien contarle cosas y que le atienda. También hablan de tener nietos.

Al final, cuando no están, es cuando más se acuerdan de ellas, en los momentos felices y tristes que pasaron juntos. A una madre siempre la queremos.

FIN

Ana Belen*

*Ana Belen es una niña que ha querido participar en nuestro concurso y que a pesar de su corta edad ya apunta inquietudes.

Historia de Navidad

Uma carta ao Pai Natal
ou talvez não!

Meu caro Pai Natal

Eu sou uma bola colorida,
quero ser Pai Natal,
tenho cor,
não sei o que é o amor,
não sei cantar!

Eu sou um pião de cordel,
quero ser Pai Natal,
rodopio,
não tenho a paz,
não sei contar!

Eu sou um papagaio de papel
ou um homem sonhador,
quero ser Pai Natal,
sonho,
não sou humilde,
não sei cantar!

Meu caro Pai Natal

Eu sou um homem simples, preocupado e insatisfeito, espectador atento do que vai por este Mundo de Cristo, crente que um dia, na fronteira da realidade, no degrau do delírio, encontraremos a esperança de um Natal mais igual.

Lembras-te do Tiago? Um miúdo de 4 anos que mora em Queijas? O miúdo quer um pai como deve ser! O seu enganchou, enrolou na droga.

O Tiago, o miúdo de 4 anos, vive na esperança, naquele degrau do delírio, de ter um dia o seu Natal. Ter um pai, um pai como deve ser, é uma boa prenda de Natal.

Meu caro Pai Natal

Na cor, no rodopio, no sonho há espírito natalício. A minha bola, o meu pião e o papagaio de papel são para o Tiago neste Natal.

Simbolizas a esperança, o amor e a paz!
Para um homem simples formulo um desejo.
Ensinas-me a cantar?
Um dia destes encontramo-nos!


Manuel do rio

Natal de 1994

11 mar 2010

VEN........ VAMOS A CASA

VEN.....VAMOS A CASA
HAGAMOS EL AMOR, SIN MENTIRAS NI ARTIMAÑAS
EN SECRETO, SOLO TU, YO Y LA MAÑANA.....
DÉJAME SENTIR LA BRISA DE TU ALIENTO...AGITADA
TUS SEÑOS ERGUIDOS DE HEMBRA POSEIDA,
Y TUS MANOS EN MI ESPALDA ENCRISPADAS,
DÉJAME LLENAR MIS OJOS CON TU CUERPO,
CON TU PIEL, CON TUS FORMAS,
LA BELLEZA SUBLIME DE TU CARA.......
Y EL AGRADECIMIENTO DEL PLACER SENTIDO,
EN TUS PÁRPADOS ENTORNADOS Y EN TU MIRADA .
DEJA QUE EL BLANCO DE MIS SÁBANAS
DIBUJE TUS CONTORNOS,
Y MIS MANOS ESCALEN SUAVEMENTE,
TUS FORMAS TAN DESEADAS.
DEJA QUE TU PIEL SE ERICE CON MIS BESOS,
Y SE REFLEJE EL ÉXTASIS SEXUAL EN TUS MANOS
APRETADAS.
NO TE HE DE DECIR...... ¡ TE QUIERO !....
CON MIS CARICIAS, TE DIRE ....SIMPLEMENTE ..GRACIAS
A QUE MENTIRNOS AMOR, SI EL VERDADERO
LLEGA DESPUÉS DE LA ENTREGA.....
CON EL RECUERDO Y LA AÑORANZA...
VEN ..... VAMOS A CASA......
ANTES QUE NAZCA EL SOL..... YA ES MADRUGADA

Rolando Dumas (Argentina)

LA NIEVE

La emoción más primitiva de la nieve es la que une

la soledad con el silencio, no la soledad del abandono

sino la que surge como un sentimiento de desposesión

y lejanía que anuncia lo poco que somos y la nada

que nos acecha.

L. Mateo Díez

Los días del desván


LA NIEVE

Durante los meses del invierno la nieve aparecía en Bórmigos de improviso, como un fantasma. En unas horas se encapotaba el cielo y las nubes estallaban, poco después, en un revoloteo majestuoso de diminutas mariposas blancas que, con su fría solemnidad, hermanaban los cerros y uniformaban los matices cromáticos del pueblo. Una danza fantasmagórica que parecía detener el tiempo en su lenta placidez hasta dejarlo adormecido bajo la apatía y los rigores del invierno.

Aquella blancura ilesa era un sopor helado, un huésped infinito y blanco que ocupaba los rincones más inaccesibles del paisaje y se apoderaba de él como si con su presencia cegadora y distante quisiera mostrar la cara oculta de una nada que no acababa de llegar pero que existía más allá de los confines del mundo. ¡Qué belleza tan fría e inhóspita! Daba la impresión de que las cosas se habían disuelto bajo su helada oquedad, en ese lugar donde el invierno entierra sus despojos, apenas huellas insignificantes de algo que aún no ha muerto pero que ya no existe, sumergido en una metamorfosis a medio camino entre la vida y la muerte. Aquella corporeidad blanca y deslumbrante desvalijaba los campos como una melancólica advertencia de la futilidad de todo lo existente.

Con la belleza infinita de la nieve llegaba también el silencio y la soledad porque su blancura impoluta borraba los caminos, desolaba los sembrados y disimulaba la presencia de las casas, desparramadas por la campiña, formando un paisaje de alabastro tan frío y desapacible como el temblor helado que presagiaba la misma llegada de la tempestad o como la sensación de vacío que emergía de lo que había quedado oculto bajo la nieve. En esas noches en las que el insomnio es un molesto compañero de alcoba o en los fríos amaneceres rescatados del sueño, la nieve era la memoria de lo perdido, el espejo refulgente donde se contemplaba la soledad, la expresión de una implacable fuerza que hacía tabla rasa de todas las cosas. Algo, en fin, que filtraba su cruda luz por las claraboyas, desde el otro lado del sueño, y que, con su belleza sobrecogedora, invitaba a meditar sobre los misterios que oculta la apariencia.

Tardé mucho tiempo en adquirir conciencia de que las níveas manos del invierno saqueaban el paisaje y lo hurtaban a nuestros ojos dejando una blanca desolación en esa verde campiña donde ahora yacen las utopías y reposan los sueños imposibles de los niños que fuimos. Esta conciencia devastadora de la nieve comenzó a forjarse en mí después de oír una terrible historia de lobos que nos contó la tía Ignacia, un día de invierno, cuando la tarde empezaba a desmoronarse y sus sombras se cernían sobre la inmensa blancura y la absorbían con aire de resignada tristeza para devorarla luego, en el cenit de la noche, y resucitarla al amanecer. Una historia que anegó mi ánimo con la misma inclemencia con que la tempestad azotaba los campos. Antes de eso, la nieve había sido para mí una especie de mago prodigioso que, por Navidad, extendía su capa blanca sobre el color pardo de las sementeras y sobre el negro del carbón y de las vías, mientras exhibía solemnemente el vuelo de seda de sus copos entre olivos de nata y tejados de azúcar. Su presencia benéfica y la euforia que la nieve despertaba en nuestros corazones se veía potenciada por los refranes de la tía Dolorcitas, como uno que decía “Año de nieves, año de bienes”. En torno a aquel refrán y a aquella presencia benefactora, que auguraba tiempos felices, el llano del tío Baldomero se convertía para los niños en un campo de batalla presidido por un muñeco enorme de nariz de zanahoria y bufanda de rayas que contemplaba impertérrito el ir y venir de la blanca artillería entre canciones y risas. Esa euforia de los juegos de nieve bajo el cielo blanco duraba sólo unos días, hasta que las nubes reventaban en fulgores, los caminos impolutos se tornaban en holladas rutas de nieve maltratada y el muñeco se derretía arrastrado por el agua de sus heridas, que goteaba en su camino hacia el suelo y corría por las fisuras del embaldosado hasta alcanzar la cañada, en la que desaparecía bajo la luz deslumbradora que fundía la nieve. Poco a poco, el sol devolvía a nuestros ojos el color verde de los campos, y el negro de las briquetas, apiladas en las proximidades de la estación, y sobre las tonalidades del paisaje, iluminado por una luz como de ámbar, aparecía, otra vez, el bello cielo azul de Bórmigos.


Alondra



10 mar 2010

LOS DELITOS DEL AMOR

Una voz robó mi calma
Y mi vida esclavizó:
El puñal de una mirada
En mi alma se clavó,
Hiriendo después de muerte
A mi pobre corazón…
¡Estoy viviendo sin vida,
Sólo por tu causa, Amor!

De robo, heridas, muerte,
De esclavitud y traición,
Y mil delitos impunes
¡Cuántos te acusan, Amor!

Si eres en verdad culpable,
Yo no sé por qué razón
Nadie ha conseguido verte
Pagar por ello en prisión.

¿Por qué la Ley no castiga
Los delitos del Amor?

Tal vez sea porque no dejas
Pruebas que tengan valor,
Y aquellos que por ti sufren
Ocultan bien su dolor.
Esclavizas sin cadenas
Voluntad y corazón;
Hieres sin hacer sangre,
Que es más profundo el dolor;
Matas sin quitar la vida,
Morir sería mejor

Y a pesar de tanto daño
Todos te buscan Amor,
Porque piensan que con ellos
Has de portarte mejor;
Y para uno a quien das dicha
A miles causas dolor.

Siendo inútil acusarte,
Siempre tendrás defensor.

Los que ayer por ti sufrieron
Te defienden con ardor,
Aceptándote de nuevo
Con renovada ilusión.

Así tu triunfo se explica
Y está clara la razón
Por qué la Ley no castiga
Los delitos del Amor.

María Sánchez Ortiz
Tal vez sólo vean en mí a un exagerado sentimental
Sthendal




LOS TRENES

El tren es un sueño que se desliza, leí una vez en un libro y, desde aquel día, esa definición del tren me pareció la más bella del mundo. Desde niña había visto pasar los trenes al otro lado de mi ventana y me acostumbré a compararlo todo con el tren. Para mí, los deseos eran trenes que pasaban sin detenerse, la felicidad, un tren que nunca llevaba demasiados viajeros, el destino un tren con billete sólo de ida y la muerte era el último tren de la tarde. Tal vez por este hecho yo amaba los trenes con esa serenidad distante con la que se aman las cosas que no tienen alma y había escrito sobre ellos muchas historias, robadas a mi imaginación en las largas noches de invierno. Aquellos relatos permanecieron varios años en mi maleta, lastrados ya por color del tiempo y los dobleces del olvido, y al final, perecieron calladamente como perecen todas las cosas que no tienen un destino fijo. Las palabras concretas de mis historias de trenes se perdieron por los sumideros del olvido pero algunas anécdotas quedan aún en mi memoria, impregnadas de abandono y de distancia. Uno de ellos describía cómo durante un viaje en tren, atravesando un largo túnel, un viajero vio un pájaro azul sobre el claroscuro de la ventanilla. Brillante y mágico, su penacho de oro se asemejaba en la forma a la cresta de las abubillas. Entonces, el viajero pensó que aquel pájaro representaba el augurio de un feliz viaje y se dio cuenta de que el verdadero sueño de los hombres es sólo una visión surgida de las creencias de la infancia.

Otro relato refería que, cierto amanecer, el guardagujas se quedó dormido sobre las vías y en el paisaje de abiertas extensiones brillaba el acero asesino de los raíles. Dormir es siempre un efímero sustituto de la muerte. Parecía ya todo decidido cuando en la llanura, plena de soledad, se oyó un revoloteo de infinitos pájaros nocturnos que sacaron al hombre de su sueño. Aquel amanecer, pálido y soñoliento, el guardagujas abrió los ojos y contempló que, por entre el seto de mimosas, se deslizaba la primavera entre un apasionado olor a flores recién abiertas. Fue entonces cuando el hombre solitario descubrió a la primavera y la amó para siempre.

Pero, para qué seguir si me quedan sólo los argumentos, no las palabras, y son las palabras las que engendran y dan corporeidad a las historias. Preferible es darlas por perdidas en un abismo insondable y recuperar, simplemente, la memoria del tren y las emociones que puede suscitar: Cuando yo hacía el bachillerato mi amiga Gregoria Colón, que era hija de un ferroviario, me mandó al internado las fotografías de un descarrilamiento. En ellas se podía ver la máquina fuera de los raíles y algunos vagones amontonados sobre ella como despojos de una batalla. Aquel día escribí en el reverso de una de las fotografías la siguiente nota: Un tren descarrilado es un corazón roto. Esta simple nota, creo entender ahora, me situaba ya en el privilegiado grupo de los seres que anotan sus emociones, es decir, en el grupo de los que se sienten salvados por la literatura. Salvados del olvido y hasta de la muerte. Yo tenía, además, otra característica importante que me hacía digna de pertenecer a dicho grupo: era una sentimental, una muchacha frágil y vulnerable y esto lo había descubierto hacía poco tiempo: El día en que murió mi padre, una vecina llevó a mi casa una jarra de leche y me sirvió una taza. Y yo, que era todavía una niña, me quedé con el primer sorbo en la garganta. Frágil y sentimental, cuando los acontecimientos se deslizaban hacia la tristeza, las palabras me salían a borbotones, como un torrente, desde los más recónditos parajes del corazón. Había épocas en que me derrotaban las ausencias y entonces sentía la necesidad de escribir sobre los seres lejanos o perdidos porque la literatura y el recuerdo son la única forma de rescatar a los náufragos del tiempo y de la muerte, desvalidos en algún lugar, a expensas ya sólo de nuestra memoria. Escribía a borbotones cuando las fauces de la soledad se introducían en la penumbra de mi alma y me hacían sentir un escozor insoportable como si alguien hubiera arrojado un puñado de ortigas por las ventanas de mi corazón. Hubo un tiempo en el internado en que mis días tenían un tono desganado e insípido y sólo me consolaban mis amigas y mis canciones. A veces, una decisión le impone a nuestra vida cambios absolutamente inabarcables. Había sido yo quien había decidido marcharme de Bórmigos para estudiar el bachillerato y llevé a cabo mi decisión después de un tiempo sin rumbo en el que empecé a sentir cierta asfixia en el alma provocada por el desatino de esa edad en la que el entorno se queda pequeño y una siente la necesidad de desafiar al destino con todas sus consecuencias. Pero yo era una niña inquieta con la sangre atada a mi tierra y el alma acostumbrada a los horizontes abiertos. Perdida en la memoria de los campos soportaba muy mal la reclusión del internado y, por si fuera poco, las monjas me habían secuestrado un libro de Neruda porque, según la madre directora, en el colegio sólo se podían leer libros edificantes. Entre aquellas cuatro paredes, echaba de menos a mi pueblo, perdido en su llanura, a mi ventana bajo la sombra del emparrado y a mi cielo alto y azul. Allí había descubierto el verbo brillante de Darío y de Verlaine y había visto pasar los trenes como viajeros fugaces en busca de un mundo desconocido. Con aquel lejano rumor de trenes el recuerdo de Bórmigos emergía como un mástil en el mar infinito de mi soledad y, entre el remolino de imágenes amadas, me procuraba el bálsamo de las palabras escribiendo poemas que no serían edificantes desde el criterio particular de las monjas pero que me salían del alma. Sin embargo, no fueron aquellos poemas, que no llegó a conocer nunca nadie, los que me llevaron a escribir este libro, sino las historias de trenes, que mi madre había leído con fruición y de las que hoy sólo conservo un recuerdo desvaído como el de las flores secas del otoño. La literatura era pues, una experiencia de mis primeros años, un ángel que nacía de la oscuridad con luminoso batir de alas. Por eso renació fácilmente mi afición por escribir el día en que mi madre vio Amarcord, de Fellini y me dijo entusiasmada: ”Julia, tú que escribes desde niña y no lo haces nada mal, podrías escribir un libro en el que reflejaras el ambiente sombrío de nuestro pueblo durante la posguerra.”

Su sugerencia me pareció una idea feliz y, con la renovada certeza de que la literatura nos salva del tiempo y de la muerte, me puse manos a la obra aprovechando esas noches en las que el sueño y la vigilia jugaban sobre mi almohada o las horas muertas de algunos amaneceres. Pero, aunque mi propósito inicial fue leal con el encargo recibido, pronto la dulce emoción de la nostalgia se adueñó de mi pluma y sentí la necesidad de hablar de mis amigas o de mis amados e incluso de referirme a los naufragios de mi existencia con una voz apasionada y sincera que me llegaba en densas oleadas desde las riberas lejanas del tiempo. El bosque sin fin de las palabras envolvía mi mundo interior y lo asediaba. Me hablaban las chimeneas de la niñez, los cielos altos y azules y las flores moradas de aquella primavera.

Hacia la mitad del libro, mi madre repasó los borradores y me llamó al orden, visiblemente contrariada: “Julia, no es eso lo que yo quería. Amarcord es una historia realista y tú estás escribiendo un libro totalmente impregnado de romanticismo. Además, no tenías por qué haberte referido a historias concretas ni contar lo que sucede en el interior de tu alma ni citar determinados nombres. Una muchacha no debe hablar con tanta claridad de algunas cosas. Te estás quedando con el alma al descubierto y sería conveniente revisar varios capítulos”.

Pero yo, que he sido siempre una rebelde indómita, no secundé su invitación a rectificar el enfoque del libro y, como un pájaro exultante despierto con el alba, continué describiendo las experiencias de mi vida hasta la misma raíz de aquellos días mágicos y desconcertantes. Convencida de mi obstinación, mi madre me dejó, al fin, por imposible y Bórmigos se quedó como un telón de fondo de mis cuitas, manchadas ya por la decrepitud y las servidumbres del tiempo, el verdadero protagonista de todas las historias. No obstante, mi rebeldía no era una actitud soberbia sino una necesidad emanada desde lo más hondo del alma como si una parte invisible de mí se adueñara del paisaje igual que se adueña la lluvia de algunos días del invierno. Descabalgada del tiempo, me sentía expulsada del paraíso y, a través de las palabras, tenía que recrear la leyenda de aquel paraíso perdido para volver a creer en él con la misma inocencia original. Es el precio que debía pagar por no haber renunciado nunca a ser niña. Posiblemente mi madre no había pensado en esa circunstancia de la que nacieron luego todas estas páginas con el borboteo inquieto de un metal derretido.

Antes de terminar el libro quisiera contar una última historia de mi vida en Bórmigos. Una historia traída de los paisajes más próximos de mi memoria donde el tren es ya sólo un telón de fondo desvanecido y lejano y el amor una vaga presencia arrebatada por el olvido con la misma impiedad con que arrebata el viento las últimas hojas del otoño. Esta historia será el punto final del libro. En adelante no escribiré de Bórmigos sino de otros lugares igualmente amados.

Alondra
¿¿ DONDE ESTAS AMOR ??

¿ DONDE ESTÁS AMOR ? ... CUANDO TE LLAMO
EN MIS NOCHES TAN NEGRAS Y PESADAS,
CUANDO CLAMA POR TU PIEL PARA ABRIGARSE
EL FRIO HIRIENTE DE MI ALMOHADA.

¿ DONDE ESTAS AMOR ? CUANDO TE LLAMO
Y PIERDO EN MIS PÁRPADOS TU IMAGEN
REFLEJADA Y ABRO LOS OJOS ILUSIONADO
DE ENCONTRARTE JUNTO A MI... ACURRUCADA

¿ DONDE ESTÁS AMOR ?
CUANDO ESTOS VERSOS ESCRIBO
Y ELEVO MIS REZOS Y PEDIDOS DE CLEMENCIA
PARA QUE DIOS BENDIGA ESTE AMOR MIO.....
Y TU EXISTENCIA

¿ DONDE ESTÁS AMOR ?..CUANDO A LA MUERTE LLAMO
BUSCANDO CONSUELO A MI TRISTEZA,
Y LE PIDO A DIOS CON ALABANZAS
QUE SE LLENEN TUS OJOS CON LÁGRIMAS
Y FLOREZCA PARA MI UNA ESPERANZA

Rolando Dumas
La bruja y el Lobo.
Esta historia debe ser leída un poquito –—sólo un poquito–— como un cuento para niños. Yo pongo las palabras y el lector en su mente debe poner los dibujos que yo indique, si le parece bien.

Había una vez... el Lobo Feroz, que por caminar ensimismado cayó en la trampa que habían construido, una vez más, los tres cochinitos. La imagen que debe haber en tu mente es la del Lobo cayendo en una trampa mal cubierta por ramas y hojas secas. Las trampas de los tres cochinitos eran siempre iguales: rústicas, monótonas y predecibles, pero esta vez el Lobo estaba sumido en sus pensamientos y por eso no advirtió la trampa sino hasta que había caído en ella.

Más tardó en caer, que en ponerse de pie, y tratar de alcanzar la salida. Saltó y saltó, pero era claro que en cada ocasión no llegaba ni a la mitad del camino. “No vas a llegar”, le dijo una voz de mujer. “Yo ya lo he intentado por mucho rato”. Y el Lobo no se asustó, porque se trataba de una voz muy dulce. Volteó a ver de quién se trataba, y descubrió que era la Bruja de los cuentos. Nunca la había visto en persona y por lo mismo una parte de su mente le dijo que debería asustarse aunque otra le mostraba que sus ojos veían otra cosa: el Lobo se dio cuenta de que era, o que había sido, más bien, pero que de alguna manera todavía seguía siendo, muy bella. No, no debes imaginar una mujer muy bella, pero sí una mujer muy elegante. Y la imagen que debes tener en tu mente es la de ambos en la oscuridad, avergonzados de sorprenderse mirando el uno al otro, casi juntos, sonrojados, mirando hacia el otro lado despistadonamente.

En eso aparecieron los tres cochinitos, unos gamberros bien hechos que no paraban de burlarse de ambos con sus agudas y chillantes carcajadas porcinas. La Bruja miró al Lobo. Con su delicada voz le dijo: “Si trabajamos juntos, podemos salir de esta y otras situaciones”. El Lobo la miró, como a quien se le ocurre de repente una idea muy brillante. La Bruja, animada, continuó: “Con tu esfuerzo y mi magia, podemos aunque sea hacer justicia, cambiar el final de muchos cuentos, y darle su merecido a quien merece un escarmiento, como a esos pesados de Hansel y Gretel.
–—Trust me –—dijo el Lobo Feroz, porque la Bruja era bilingüe–—. Just trust me–—. Y antes de que la Bruja pudiera darse cuenta de qué pasaba, el Lobo ya estaba sobre los hombros de ella, y había saltado hacia afuera de la trampa, persiguiendo a los tres personajes que chillaban como... bueno... como cochinos. Y esa es la imagen que está impresa en la página, ¿verdad? El Lobo corriendo, los tres cerditos corriendo con sendas caras de pánico, y hacia el fondo se alcanza a ver un rostro hacia el fondo del foso con un dejo de asombro al ver las letras gigantescas que inundan la página: “Cuíiiiiiic”, “Cuíiiiiiic”, “Cuíiiiiiic”.

El Lobo sacó a la Bruja y casi de inmediato empezaron a cambiar los finales de todos los cuentos: En “Rapunzel” quien corta el cabello a la chica y dejan ciego al príncipe son Hansel y Gretel, no la Bruja, y cuando el príncipe recupera la vista los hace desollar vivos; En “Los tres cochinitos”quien cae en el caldero hirviendo es Hansel, que era un vago que se la pasaba destrozando casas de buenos ciudadanos; Gretel les pone una demanda ante Derechos Humanos, y los Tres Cochinitos pierden en juicios y abogados todas sus posesiones. En Caperucita Roja quienes se la pasan asaltando niñas en los caminos son un par de malvivientes llamados Hansel y Gretel, que en verdad destrozan la casa de la abuelita... y así. Hasta que una de tantas el Lobo se acerca a la Bruja y le pregunta: “¿Por qué en todos los finales tienen que terminar tan mal Hansel y Gretel?” (Y esa es la imagen que quisiera que hubiera en tu mente: El Lobo habla y, rodéandolo, están Hansel y Gretel muchas veces: en ocasiones corren envueltos en llamas; en otras terminan obesos, en otras terminan encerrados por años en la cárcel del condado, o terminan viejos y solteros viviendo en la misma casa, odiándose a muerte y mirándose con recelo... el caso es que la culta y elegante voz de la bruja le responde: “Se trata de mera justicia poética”. Y, como le pareció que el Lobo no entendía, agrgó: “¿Cómo te sentirías si vez tras vez, cada vez que se cuetna el cuento, vinieran unos chulos desvergonzados y alborotadores a destruir la casa que tus sueños, que has edificado con tanto sacrificio?; ¿O qué: acaso puedes imaginar un final mejor?” El Lobo pensó largamente y respondió: “Creo que puedo”, y agregó con certeza:

–—Trust me –—porque la gan lección de esta historia es que la amistad no puede existir sin la confianza–— Just trust me. Y el cuento de Hansel y Gretel tuvo un final que nunca antes había tenido, y esa es la imagen que debes tener en tu mente: En la central camionera, en la sección de Ómnibus de México, el Lobo Feroz vestido de camisa blanca y con una corbata muy bonita está frente a un par de maltrechos jóvenes. Del bolsillo trasero de su pantalón saca la cartera y les paga el pasaje para que huyan del País de los Cuentos a cualquier lugar en donde puedan vivir en paz, ahora que habían aprendido a vivir sin molestar a nadie. Ni siquiera a sus vecinos. En esa imagen metal que estás haciendo, debes ver muy maltrechos a Hansel y Gretel, que agradecidos, humildes (y, de paso, perniquebrados, vendados, con un parche en el ojo) extienden la mano para recibir el billete.

Los finales no volvieron a ser los mismos. Pasaron de ser acremente vengativos, a ser meramente justicieros, a ser más apacibles, más constructivos, más... simplemente felices, donde los ilustradores gastaban menos en tintas lúgubres, que son difíciles de conseguir, y más en tintas color pastel, aptas para niños. Finales sencillos y felices que hacían que los lectores tuvieran más ganas de vivir, y ambos descubrieron que para lograrlos cada vez se requería menos de magia o de gran esfuerzo, porque la Bruja y el Lobo aprendieron que trabajando juntos, nada más con eso, con estar unidos en lo mismo, confiando el uno en el otro, podían cambiar el final de todas las historias (y aquí puedes poner la imagen que quieras; Yo me imaginé una casita en medio de un bosque canadiense, de cuya chimenea sale un humo en forma de corazoncitos, pero si es muy cursi puedes ponerle lo que te imagines, mientras con letras muy grandes, se repite en mayúsculas): De todas.
Óscar Pech Lara
Canelo

Es un doliente…solitario, triste, un huérfano. Su pelo, ¿cómo describirlo? Ahora tiene varios colores, dorados, oscuros y los que dan origen a su nombre.

Llegó a la puerta del" Hospital Puerta del Mar" hace ya mucho tiempo según cuentan las gentes del lugar, siguiendo a la ambulancia que llevaba a su amo enfermo, permaneció a la espera en la misma puerta por donde vió ingresar al enfermo, días… noches, semanas, meses, pero su amo ha salido por otra puerta, la destinada a los muertos y de eso hace ya varios años.

Canelo espera, personas sensibles le han llevado a sus casas, pero Canelo regresa a la misma puerta del Hospital Puerta del Mar.

En las noches los empleados del Hospital ponen cartones para que Canelo duerma. Las tiendas de víveres le proporcionan agua, pero Canelo nunca se aleja mucho del lugar, espera a su amo, quien debió ser muy especial con Canelo, o tal vez sólo lo normal, es que Canelo, como digno representante de su especie, es noble y leal.
Hoy me saltaron algunas lágrimas; Canelo estaba en la puerta de una tienda, echado en la acera y su hocico en el escalón…quería agua…agua fresca y limpia, era una mañana tibia y luminosa, el sol resplandecía- pero no calentaba- hermosa mañana otoñal en Cádiz; Canelo es serio, me incliné y le hablé, se echó sobre mi pié, restregó su hocico y levantó su manita, movió la cola, respondía a mi saludo, luego levantó su carita y creo que sonrió.

Canelo espera siempre…en las noches cuando salgo del Hospital y lo veo en el suelo, acurrucado y serio… me duele el frío (el suyo y el mío) este frío hondo que te llega hasta el alma, y quiero darle abrigo ¿o darme abrigo? Me identifico con Canelo, ahora tengo algunas cosas en común con Canelo…hasta el color del pelo, su orfandad y su espera.

P/D te mando este relato vivido en primera persona, la historia es larga, el perrito vivió así 14 años, hace varios años ya viejo y ciego, lo atropelló un coche y murió, en la calle aledaña al Hospital, se puso una placa en bronce en su honor y esa calle peatonal lleva el nombre de Canelo

María E.